Los viajes del viento

Hace un par de semanas me embobé como una tonta con Los viajes del viento, largometraje del director colombiano Ciro Guerra. Aunque el cerrado acento de los actores me limitó en la comprensión de algunos de los diálogos, confieso que la intensidad de la historia y la belleza de los paisajes me subyugaron. Este homenaje a la tradición juglaresca y a la profunda pasión que despierta la música, cuenta cómo Ignacio Carrillo es incapaz de cumplir su promesa de abandonar su vida andariega tocando vallenatos de pueblo en pueblo. La leyenda que le da fama cuenta que ganó su instrumento al mismo diablo en un duelo musical.
Ignoro si el maestro Richard Galliano logró su carismático sonido en semejantes circunstancias, aunque cierto es, que su magia carece de tintes maléficos. Más al contrario, con su acordeón es capaz de abrir cálidos paisajes en quien lo escucha, logrando una luz viva, ya con colores melancólicos, ya con la auténtica fruición de la alegría.
Para quien no lo conozca incluyo un vídeo de Tangarian Quartet interpretando "Chat Pître". Es una limosna hasta que vuelva por cuarta vez por estas tierras.
Va también el tráiler de Los viajes del viento:
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De oca en oca
El pasado 11 de mayo visité en Cartagena el IES Almirante Bastarreche. Disfruté de lo lindo viendo los juegos que los profesores habían preparado para acercar la historia de la ciudad hasta el encuentro de la literatura. Habían convertido al barrio en un gran tablero y como experimentados investigadores los chicos solucionaron cada pista del juego.
Aunque no estuve presente el día del concurso, sí pude admirar en mi visita algunos trabajos relacionados con la lectura de "Mensaje cifrado". Se me quedan adheridos en el recuerdo no sólo la satisfacción de ver actividades tan originales relacionadas con el libro, sino una gran envidia por esa edad tan mágica en la que todo se vive con tal intensidad. ¡Espero no haber perdido aún la curiosidad ni las ganas de entonces!
Agradezco desde aquí no sólo a los profesores de estos alumnos su mano guía, también a todos los alumnos allí presentes y en especial a mi presentadora (¡toda una profesional!).
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El mar, la mar...

El mar. La mar.
El mar. ¡Sólo la mar!
Laura Marling - Devil's Spoke
Laura Marling | MySpace Music Videos
En Fall, el sueño de Alexandria, fue la primera vez que los vi. Nunca antes había visto elefantes nadando. Me impresionó la imagen.
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Una cuestión de celos
Llevo semanas con la mosca tras la oreja. Mi reseñista favorito, amante de Borges y de la simetría, de la planificación y del número áureo, tiene una pasión oculta que voy a confesaros. Con la definición que de él hago os podréis imaginar cómo disfruta viendo día a día si baja lo que debemos de hipoteca, cómo gusta de tachar con tiralíneas las tareas de su agenda o cómo planifica el número de páginas exacto que cada día ha de beberse de la media docena de libros que lleva simultáneamente entre manos.
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Mordisquitos
Cuando las cajas de ahorros parecían agotar los regalos promocionales típicos como maletas, pelotas de playa y calendarios, comenzaron a buscar nuestro interés (preferentemente fijo a variable) con otros presentes más sorprendentes y exclusivos. Emergieron entonces en las cristaleras de las oficinas y en las pantallas de los cajeros automáticos edredones con estampados de Warhol y televisores de plasma de 41 pulgada (¿no os pica a vosotros la pierna al escuchar esa palabra?). A cambio de depósitos a 9 meses o aportes especiales en los planes de pensiones podías llevarte a casa un portátil de bolsillo o un estupendo juego de té y un libro de haikus.
Esta Navidad mi madre quiso enriquecer mi ajuar con una elegante cubertería de Benetton (¿se puede nombrar marcas en esta franja horaria?). A mí me encantó, sobre todo cuando vi que mi perla se negaba a tomar sopa con una cuchara plana y yo ya tenía la excusa idónea para ir dejando regueros de caldo desde el plato a mi barbilla. La cubertería de Ikea ya tenía con quien practicar la exogamia; cuchillos y cucharillas dieron rienda suelta a los coqueteos nocturnos y comencé a percibir miraditas insinuantes en sus duchas diarias. Dos meses más tarde los tenedores de diseño italiano estrenaron plateados competidores; había inscrito a mis alumnos a un concurso en el que no llegaron a participar por llevarles demasiado tiempo y como regalo por no lograr convencerlos (ni siquiera mediante premios como videoconsolas y viajes) me llegó a casa una cubertería modernilla y molona.
Ahora debo decir que ninguna de las tres familias de cubiertos me convence. Ni siquiera creo que lo consiga el fruto de los cruces inoxidables que puedan aparecer en mi cocina. Tengo que convencer a mi aseguradora o a mi línea de teléfono que me ofrezca la cubertería definitiva, la insustituible, la auténtica vajilla vital. El diseño es de un tal Mark A.Reigelman y prometo que aumentaré las gigas de mi contrato o aseguraré a todo riesgo mi bicicleta inglesa de segunda mano si a cambio me la regalan, pero por favor, ofrezcan como promoción estos cubiertos. Los quiero.
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Un gintonic, gracias
El amigo Supersalvajuan ha bebido más gintonic de lo que es habitual en él, no me cabe duda. Hoy ha relacionado en su blog un artículo del ABC sobre la memoria histórica con Mensaje cifrado. Su acercamiento al libro (lúcido y fresco como es usual en él) termina en una reflexión sobre la educación actual y de cómo plantea la enseñanza de la guerra civil a sus alumnos. Me han entrado unas ganas tremendas de entrar a una de sus clases para comprobar si de verdad cuela citas de los Manic Street Preachers. Te digo desde aquí, Supersalva, que mucho has de esforzarte para superar las apasionadas y siempre sorprendentes erudiciones de mi gran Pedro Olivares (que me perdonen el posesivo sus admiradores). Aprovecho también para amenazarte: como coincidamos en el mismo centro soy capaz de esclafarme las Converse y mi sudadera con avionetas y confundirme entre tus alumnas de la ESO.
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