Roads



Roads

Un semáforo detuvo
a Portishead en la noche absoluta.
La ciudad era entonces una selva
de minutos kilométricos
y desde un coche fortuito
cayó la canción
que te recuerda a ti misma
y te acomoda el insomnio.

Por qué ciertas melodías
provocan el mismo naufragio
que reconocerse en un superocho
en forma de niña triste de cuatro años.

El semáforo suspende los compases
con la breve eternidad con que la muerte
te guiñaría el ojo en una fiesta de disfraces.

Después queda sólo el atisbo de la verdad
y un recuerdo de espejo roto en movimiento.
Las horas van diluyendo las comparaciones
y las fronteras de la realidad se acomodan con el día.

Nunca sabrás qué niña de cuatro años
conducía aquel coche,
ni tampoco qué máscara ocultaba su muerte.

3 comentarios:

El Sin Cara dijo...

Qué maravilla de poema.

La del Planeta dijo...

No me cansaría de leer este poema mil veces más.

Anónimo dijo...

Hola Marta. El otro día descubrí tu libro de poemas "Toma sostenida" y me encantó. Tus versos llegan al alma, transmitiendo emociones. Son textos muy visuales. Gracias por hacerme sentir tantas cosas al leerlo. Un saludo de Capricornio