Tantos ángeles rotos



No sé si les habrá pasado a ustedes pero hay ciertas prosas que agarran por dentro y arrastran frase a frase hasta hacerte caer en picado sobre el latido que subyace en sus historias. Algo parecido, o más bien esto pero de forma exagerada, es lo que sucede con Miguel Sánchez Robles, autor de cuento, novela y poesía repudiado por los círculos provincianos por cazapremios y admirado por lo jurados de toda España gracias a sus metáforas cotidianas, a su análisis rotundo de la vida y la saña residual de la sociedad que desvela con miradas nuevas en cada obra. ¿Que todos sus personajes son perdedores? ¿Que todos están hartos de comprobar que el momento más emocionante de la semana es ver el Gran Prix? ¿Y qué? A mí me vale con leer sus adjetivos fluorescentes, su mirada sobre los espejos rotos de la rutina, los instantes comunes del tedio y la desesperanza escritos desde la rabia dulce de quien sabe mirar el mundo. Pero lejos de encontrar sólo el vuelco del estómago, el lector acaba apreciando que la mirada de Miguel no sólo lapida, ayuda a mirar el día a día con ansia, a destripar los dados del márketing con ojos insatisfechos, a revelar las instantáneas diarias con voluntad interrogante. Con el caravaqueño Miguel desciframos la belleza de las salas de espera, los interminables viajes de autobús y las telas gastadas. Miguel nos señala el orín del callejón como vínculo del recuerdo y destapa los relojes del tiempo que va amontonando frustraciones en los ojos. Terminaré este párrafo que odia los puntos y aparte (como los textos de Miguel) prescribiendo como los vendedores de detergentes la recopilación "Tantos ángeles rotos" (Ediciones Gollarín, 2006), para quien quiera lavarse las legañas de la conciencia y remover los colores de la metáfora y "La tristeza del barro", novela-poema publicada hace siete años y que no tiene nada que envidiar a la gran "Mortal y rosa", que no sé la razón por la que mi mente la compara.

6 comentarios:

Rubén dijo...

Miguel Sánchez Robles es un auténtico prodigio de las letras. Su prosa tiene cadencia de zarpazo y sus imágenes no tienen precio. Es (sin duda y sin matices) uno de los más grandes.

Antonio Parra Sanz dijo...

El día que la prosa de Miguel Sánchez Robles traspase del todo las fronteras de la región, muchos van a saber de verdad lo que se han estado perdiendo hasta ese momento.

Anónimo dijo...

Y quien dude de lo contrario que se atreva a leerlo, que se atreva a erizarse el alma.

Anónimo dijo...

Tengo ahí al menos tres libros dedicados por el autor para leer este verano. "Tantos ángeles rotos" ya lo leí. Bueno, no es mi estilo, desde luego, pero me gustó. Lo único que le achaco es que puede ser algo repetitivo a veces, como si hubiera encontrado una única voz narrativa, un poco ronca, y no pudiera modularla. Es una opinión, sólo a tenor de una única lectura. Ya os contaré cuando lea el resto.

Marta Zafrilla dijo...

Añado el blog de Miguel a mis enlaces.

Marta Zafrilla dijo...

Anoche pudimos escuchar a Miguel leyendo sus textos en el Museo Ramón Gaya. Advertí algo en él que nunca antes me había llamado la atención: tiene un profundo surco entre sus ojos. Hay una peculiar arruga en el centro de su ceño que sólo puede haberse instalado allí tras muchas intensas miradas a su alrededor. Ya había percibido que sus ojos parecían mirar más allá de los oceános de la rutina, pero no me cabe duda de que ese surco nace del análisis riguroso y poético del instante, de la vivencia y el recuerdo. Sus palabras volvieron a deambular entre los laberintos de la abulia que tanto escudriña con sus textos. A los asistentes nos invadió su ritmo caótico y asfixiante. Personalmente me quedé flotando en ciertas imágenes suyas: aquellos espejos de los transatlánticos de estrechos pasillos, los gusanos que despiertan siendo otros, las mariposas atrapadas en los aparcamientos subterráneos...

Gracias de nuevo, Miguel.